La Ira

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El ser humano está en búsqueda del amor verdadero, que es lo que produce felicidad 102_la iraverdadera. Debemos ofrecer este amor a algo Superior; solo así, el amar se vuelve pleno, y podemos amar a todos, no solamente a un familiar, a una pareja, a una mascota, sino a todos, ya que es un amor de compromiso con todos. El amar algo Superior, tener amor espiritual no es abstracto, es totalmente exigente, por eso muchos prefieren rechazarlo. Sin embargo, con este rechazo, uno no es verdaderamente feliz, porque no hay ni siquiera el primer ejemplo de alguien que lo haya logrado.

Es así, que en la ausencia de este amor, las personas que viven con frustraciones muchas veces corren el riesgo de convertirse en peligros para ellos mismos o para otros, porque en esta situación difícilmente se puede pensar de manera clara o inclusive perdonar a otros.

La ira es algo poderoso que surge de la lujuria, a su vez la lujuria nace del momento que contemplamos elementos materiales, todo aquello que no nos dirige hacia la trascendencia, este proceso ha sido comprobado en la Sagrada Escritura llamada “Bhagavad Gita”: “Es únicamente la lujuria, que nace del contacto con la modalidad material de la pasión, la que luego se transforma en ira, y que es el peor enemigo de este mundo, enemigo que lo devora todo”. Lo anterior significa que luego de la lujuria viene la ira, porque la lujuria siempre alcanza un grado de frustración, y al existir ésta frustración, el individuo comienza a sentirse enojado. De este modo, comienza a maltratar a otros, inclusive a gente inocente, ajena a las frustraciones personales, pero uno les arroja las propias malas energías.

La ira es tan poderosa, que se apodera de la persona y la impulsa a actuar en contra de su propia inteligencia. Por eso los individuos frustrados, son capaces, inclusive, de matar en una situación de descontrol, para luego arrepentirse cuando se encuentran en la cárcel.

Debemos ser cautelosos, controlar los sentidos, para que nuestra ira, nuestras propias frustraciones, no causen algún tipo de daño a otros. El ser humano tiene la tendencia natural de amar, es algo que está en el corazón, es la cualidad que Dios nos depositó en el corazón: “La capacidad de amar”, pero cuando ésta se centra sólo en el cuerpo y en placeres egoístas, el amor se transforma en un capricho. Para este tipo de personas, los demás se convierten en objetos de placer, y si el disfrute que sea desea es satisfecho, surge la frustración. La lujuria es egoísta, no es amor, no es entrega, no es sacrificio, es solamente un deseo personal. Un ejemplo de esto, es que entre las mismas parejas que tratan de complacer la lujuria juntos y comienzan a aparecer desequilibrios que sólo se basan en el
materialismo.

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Existen situaciones en la que una persona se siente afectada, porque alguien mencionó algo que no le gustó y dice: “No lo voy a tolerar, voy a defenderme, ahora voy a atacar a estas personas que se atreven a hablar mal de mí”, y así actúa precipitadamente. No obstante, más tarde con el tiempo, la persona entiende que todo había sido un mal entendido, un error, y que ni siquiera se hablaba de ella. Estas son las cosas reales del mundo de la ira, esta es la Era de Kali Yuga, la Era de la Hipocresía, de los malos entendidos.

Si queremos abordar el tema de la ira, es necesario tratar el tema de la lujuria, además mencionar que ésta tiene muchas subdivisiones, pero sobre todas, está vinculada con las ganancias, con el dinero, con la avaricia de querer tener siempre más y más. En las personas se desarrolla el querer apoderarse de bienes materiales, de controlar y tener más que el resto, desviándose así del sendero de la luz, de la espiritualidad. En otras palabras, cuando la ira se manifiesta las acciones de las personas, quiere decir que la lujuria ya cobró su efecto, provocando que cada vez sea más difícil avanzar a la felicidad. Es imposible imaginar a una persona enojada y feliz al mismo tiempo. El Bhagavad Gita menciona que este tipo de agravios de quienes tratan a otros de mala manera, representan los síntomas de las personas con falta de espiritualidad. En su consciencia, quien tiene este tipo de sentimientos, no es feliz. Por consiguiente, la ira es algo que se debe controlar desde su raíz, esto significa controlar el disfrute de los objetos de los sentidos, porque ahí es dónde surge el problema.

En otras palabras, en el momento que existe una conexión con la bondad, con personas santas que buscan fines superiores, se puede avanzar espiritualmente dejando todos los sentimientos de riña en el pasado. Esta es la realidad que maestros espirituales de diferentes corrientes han enseñado. Ellos han señalado que la bondad es lo más importante, lo único que da claridad para ver las cosas bien y actuar correctamente acompañados por la Verdad, por la palabra de Dios.

Personas que son bondadosas, que se encuentran guiadas por el amor, no quieren causar sufrimientos a otros, por el contrario, son individuos sensibles, humildes, que logran avanzar espiritualmente con mucha facilidad velando por la tranquilidad mental de otros y también por la propia, gracias a la oración, a la recitación de mantras, el actuar con compasión, respeto y sobre todo tolerancia. Todas las acciones que son realizadas por los seres humanos, tienen consecuencias; por lo tanto, no se puede ignorar la responsabilidad por ellas.

El propósito de la vida es realizar algo maravilloso, conocerse a uno mismo y abrazar de todo corazón los elementos que nos unen por una causa común. Vivir la espiritualidad es la esencia y sustancia de toda la existencia y la necesitamos más que cualquier otra cosa. Así nos inclinamos hacia el camino de la paz, de la sanación interna del ser, del reencuentro con Dios, donde la ira, las riñas, pierden todo sentido.

Fuente: Colección Sabiduría Védica
Autor: Swami B.A. Paramadvaiti

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